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Profesionales de la Cultura en Aragón

PROCURA denuncia malas prácticas en el área de cultura del ayuntamiento de Zaragoza

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Convenios, subvenciones, concursos públicos y procedimientos negociados son algunos de los instrumentos de que dispone cualquier administración pública para relacionarse contractualmente o colaborar con entidades sociales o privadas para el desarrollo de proyectos, de servicios o de obras. En el caso de las subvenciones o de los concursos públicos suelen ser convocatorias abiertas a las que puede optar cualquier solicitante que cumpla con los requisitos exigidos. En el caso de las contrataciones de servicios, la administración ya está obligada, dependiendo de la cuantía económica de que se trate, a pedir varios presupuestos, por ejemplo, o a convocar concursos públicos. En el caso de los convenios, esta fórmula colaborativa varía ya que la administración firma unilateralmente con la empresa con la desea conveniar sin necesidad de convocarlo públicamente. Nos gusta el proyecto, lo queremos desarrollar, ponemos por escrito las condiciones, lo firmamos, lo desarrollamos y luego al final vemos si se han hecho las cosas bien.

Ahora bien, si por ejemplo se firma un convenio en lugar de convocar una subvención pública, creemos que tiene que estar muy bien justificado siempre: bien porque sólo haya una empresa capaz de desarrollar ese trabajo o bien porque esté demostrado de forma objetiva que es la mejor para hacerlo y que las demás no lo harían con la misma calidad. Pero en ningún caso se puede elegir el tipo de financiación en función de apetencias ni de amistades ni de arbitrariedades sino que la decisión debe estar sustentada por criterios técnicos que se ajusten a la ley y que sean iguales para todos.

Sea cual sea el instrumento, todas estas fórmulas se dotan de fondos públicos que pensamos deberían justificarse escrupulosamente a la ciudadanía, desde la finalidad que persigue el objeto de la fórmula elegida a su desarrollo posterior. Es decir, todo el procedimiento. Y tenemos la sensación de que esto no pasa habitualmente. O por lo menos, deberíamos exigir que pasase en más ocasiones.

Porque claro, cuando se hacen mal las cosas y además no se explican bien o no se informa convenientemente, puede ocurrir que la gente, los ciudadanos, las empresas o los colectivos no entendamos bien por qué se han hecho las cosas que se han hecho o por qué se han hecho las cosas como se han hecho. Y nos enfademos. O por lo menos tengamos sospechas de que el procedimiento no se ha desarrollado con claridad. Y claro que cada administración tiene competencia y legitimidad para hacer lo que le venga en gana dentro de la legalidad, pero pensamos que no dejan de ser una herramienta de la que nos hemos dotado las sociedades para gestionar nuestro bienestar, nuestra economía, nuestras calles o nuestra cultura. Y con nuestro dinero. Esto es lo que entendemos por servicios públicos.

Hace unas semanas, el Heraldo de Aragón lanzó una información relativa a un convenio firmado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza y una sociedad cooperativa para “la difusión y promoción de la lectura de libros de ensayo crítico y social en la ciudad de Zaragoza”.

Lejos de entrar en polémicas ideológicas, que desde luego para nosotras ha habido mucho de utilización política por parte del partido de la oposición en un contexto pre-electoral, creemos necesario más bien hablar de un problema surgido por hacer mal las cosas. Lo que pensamos es que ha habido una mala práctica en la política cultural del área de cultura del ayuntamiento de la que además se ha informado mal provocando un fuerte malestar y mucha confusión.

Este convenio nos sirve como ejemplo perfecto de cómo pensamos que no se tienen que hacer las cosas en materia de política cultural. Un ejercicio de extrapolación. Nos sirve una vez más para ratificar nuestros planteamientos acerca de la gestión pública de la cultura y de la necesidad de un código de buenas prácticas consensuado con el sector cultural.

Vaya por delante que apoyaremos siempre cualquier ayuda que sirva para mantener estructuras culturales –en un contexto terrible para la gran mayoría de ellas- o proyectos culturales que se desarrollen la ciudad y que estén en la estrategia marcada y planificada para la ciudad en el ámbito cultural, que estén consensuados con los agentes culturales, que sigan unos criterios de sostenibilidad del tejido cultural, que generen cultura pensando en la ciudadanía o que simplemente tengan una lógica técnica que cuide todos los factores que hay que tener en cuenta cuando se programa o se proyecta algo que se piensa es de interés general para la ciudad. Si lo aliñamos todo con una pizca de transparencia y buen hacer, no estaríamos hablando de esto en estos momentos.

Pero pensamos que las cosas no se pueden que hacer de esta manera. Porque a nosotras nos provoca muchas preguntas y muy pocas certezas.

Y… ¿por qué?. Volvamos al convenio anteriormente citado para ejemplificar nuestras afirmaciones anteriores y poder concluir una serie de aspectos que creemos debemos exigir a todas las administraciones públicas que gestionan cultura. Y en especial, al Ayuntamiento de Zaragoza. Aquí van algunas  consideraciones. Planteamos cinco, pero habría más:

1. Si el interés era desarrollar un programa de difusión y divulgación de lectura de libros de ensayo crítico, cosa que nos parece genial ¿Por qué este convenio no se transformó en un concurso público de libre concurrencia para que pudiera optar cualquier entidad que se dedica al fomento de la lectura?, ¿por qué no podemos pensar que si abrimos la convocatoria al resto de empresas podríamos tener más posibilidades de desarrollarlo o por lo menos más opciones en los planteamientos? O simplemente, ¿por qué no pueden optar todas las librerías a desarrollarlo en igualdad de condiciones siendo que están sobradamente preparadas?

2. Al tratarse de un convenio con un objeto claro ?la promoción de la lectura? nos surgen dudas también a la hora de las partidas de gastos que en él se reflejan. Pocas subvenciones que sepamos nosotras del ámbito cultural permiten justificar gastos de estructura como el alquiler del local, el personal fijo o las contrataciones. Y más teniendo como objeto el desarrollo de un programa de actividades. ¿Se puede entender que, en un momento como el que estamos viviendo y en un sector como el del librerías que tanto está sufriendo, se han podido ver discriminadas?, ¿Por qué yo no pude optar a esto?. Desgraciadamente, hemos visto cerrar librerías en nuestra ciudad, pero también hemos visto desaparecer compañías de teatro y empresas de gestión cultural. Nos alegramos de que con este convenio se haya ayudado a una estructura cultural pero ¿por qué no intentamos ayudar al resto con un buen plan de choque para el sector de libro y para el resto de los sectores que tanto está sufriendo?

3. Y nos alegramos de la cuantía del convenio (60.000 Euros). Supone una fuerte inversión tal y como están los tiempos y tal y como está el dinero que tenemos para la cultura. Nos alegra enormemente que se piense en ese dinero si hablamos del sector cultural. Pero una cosa no quita la otra ¿Cómo justificar que la inversión total en subvenciones para todo el sector del libro? donde no solo están las librerías sino también las editoriales, por ejemplo- y a la que todos tienen derecho a optar, a través de Zaragoza Cultural sea de 50.000 euros?, ¿responde esto honestamente a una buena política cultural?, ¿esto es tener una visión correcta acerca de las necesidades del sector del libro?. Entiendan el malestar. El malestar por lo que nos parece una incoherencia en la gestión.

4. Más. Una parte del convenio consistía en asesorar a las bibliotecas para la compra de libros, pero no hay dinero para que las bibliotecas compren libros ni hay dinero para personal que atienda los nuevos espacios que abren. ¿Las bibliotecas no tienen presupuesto para comprar ni para personal, pero sí hay dinero para que se les asesore acerca de los libros que tienen que tener en sus fondos para el uso de los ciudadanos?

5. Y por último. Este convenio no responde a la estrategia en materia de política cultural del documento que se supone debe guiar la política de la ciudad a medio y largo plazo: el Plan Director Zaragoza Cultura 2020. Documento, por cierto, consensuado por muchos agentes culturales y sociales, por colectivos profesionales y por las empresas del ecosistema cultural y que no incluye ninguna línea para fomentar la lectura crítica en la ciudad. ¿A qué responde entonces?, ¿cómo podemos justificarlo?, ¿de dónde sale?, ¿por qué, para qué y en qué se basa este interés?

No queremos dar argumentos a nadie. Ni que se usen. Y políticamente, menos. Tampoco buscamos enfrentamientos dentro del sector ni con nadie. Al revés. Estamos enfadadas cuando vemos que no se hacen las cosas como deberían. No concebimos la defensa de la cultura sino en bloque común. Nosotras defendemos al sector cultural, los derechos de sus trabajadores, el derecho a acceder a la cultura de los ciudadanos. Y también, no nos queda otra que denunciar malas prácticas. No somos de nadie y somos de todos. Sobre todo, somos de las que pensamos que las cosas hay que hacerlas bien. Que los dineros públicos hay que gestionarlos con transparencia y con responsabilidad política. Mirando por el bien común, por la ciudadanía y por la ciudad.

Es por ello que para terminar, nos gustaría exigir que se tengan en cuenta ciertas medidas para que cuestiones así no se repitieran, porque, entre otras cosas, corremos el riesgo de asumir que lo que consideramos malas prácticas en la gestión pública se convierta en algo natural. Y no tiene que serlo. Al revés, pedimos como colectivo de profesionales de la cultura:

1. Que desde el Ayuntamiento de Zaragoza se utilicen los mecanismos correctos y justos para el desarrollo y ejecución de proyectos culturales. No podemos perjudicar al resto de empresas culturales sino que se tienen que asegurar la libre concurrencia en igualdad de oportunidades y condiciones. No son buenos tiempos para la lírica, pero tampoco para las editoriales, los bailarines, las librerías, los artistas, los técnicos de sonido, las empresas de gestión cultural,…

2. Que la ciudadanía no tenga que enterarse de los convenios que firma su ayuntamiento a partir de un medio de comunicación previa denuncia de un partido político. Los convenios, al igual que el resto de procedimientos públicos, tienen que ser eso, públicos. Exigimos total transparencia en los procesos de subvenciones, contrataciones, convenios y demás fórmulas de colaboración público/privado en las que haya dinero público. Hagamos un tablón de anuncios real, serio y comprometido de en qué, por qué, para qué y con quién se utiliza el dinero público en materia cultural. Pensamos que la ciudadanía debe ser la primera en saber en qué se gasta el dinero público. ¿Es proporcional el esfuerzo del ciudadano por cumplir su parte a la hora de pagar impuestos al del ayuntamiento por informar a qué se ha destinado?

3. Que haya una estrategia en política cultural por parte del Ayuntamiento de Zaragoza que marque unas líneas de actuación para que la gestión no se fundamente en arbitrariedades y espontaneidades a la hora de ejecutar proyectos con las empresas del sector cultural. Podemos estar más o menos de acuerdo con el Plan Director Zaragoza Cultural 2020, en su totalidad o en alguna de sus partes. Pero cuando se pide participación de la sociedad civil para imaginarse su ciudad a medio plazo y se plantean las necesidades de los sectores culturales, deberíamos cuando menos respetar su tiempo, sus palabras y su realidad. Esto es un ejercicio de consenso, de pensar en el común y de escuchar a los profesionales que hacen todo lo posible y más por la cultura.Aprovechamos para pedir de nuevo que se reformule el Consejo de la Cultura de Zaragoza para que sea un verdadero ente de participación donde se planteen todas estar cuestiones y que se reactiven –o se activen? las mesas sectoriales, que a día de hoy, solo son una cuartilla de texto de documento que está durmiendo injustamente en el cajón de algún responsable.

4. Que haya una verdadera lógica en el planteamiento de los presupuestos de cultura y que su ejecución se desarrolle de acuerdo a una estrategia coherente para que no se produzcan situaciones surrealistas, contradictorias y sin ningún sentido. Que además, pueden perjudicar al resto de empresas que trabajan el sector cultural.

5. Y por último, hacemos un llamamiento a la responsabilidad de los encargados políticos y responsables técnicos que gestionan el área de cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, a la asunción de un código de buenas prácticas en la gestión pública y a la seriedad que pensamos con que deberían tomarse su trabajo cuando toman sus decisiones. El ecosistema cultural está muy herido. No lo apuntillen con políticas que en ocasiones responden a arbitrariedades más o menos conscientes de algunas personas con responsabilidad en la política cultural de la ciudad de Zaragoza. Ese no es el camino. Al revés.

Zaragoza, 17 de abril de 2015
PROCURA (Profesionales de la Cultura en Aragón)

 

Más información:

Noticia Heraldo de Aragón

• Noticia diario.es

• Convenio firmado

• Memoria de evaluación de las actividades realizadas

 

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